EDITORIAL
Un calor que empieza en un rincón
Cuando llega noviembre, buscamos de forma natural un rincón propio en casa. Un sillón, una lámpara al lado, un libro a medio leer entre las manos… Mientras fuera los días se acortan, entendemos mejor que el calor no empieza en los grandes salones, sino en el pequeño lugar que nos reservamos.
Mientras preparaba este número, pensé en esos rincones. En la luz de una lámpara de lectura, en un balcón al que no renunciamos ni siquiera en invierno, en el té de la tarde que reposa junto al fuego. En una mesa de pescado puesta frente al mar, y en el mantel que bordamos con nuestras manos para esa mesa. En una capa sobre los hombros, cosida con nuestro propio patrón.
A veces el calor también llega con un viaje. Al subir las colinas de una ciudad bajo la luz de noviembre, descubrimos que podemos encontrar un rincón propio lejos de casa.
El tiempo que nos dedicamos también forma parte de ese calor. Una crema en unas manos resecas por el invierno, un perfume que nos gusta, una taza de té que calienta por dentro. Parecen cosas pequeñas, pero cambian la sensación del día.
Y luego están nuestras casas. Cada casa tiene su propio idioma; en unas habla con flores, en otras con colores, en otras con sencillez. Lo importante es que la casa se parezca a nosotras.
Los años me han enseñado esto: los rincones más bonitos de la vida son los que se construyen con amor. Al poner una mesa, al coser, al recibir a un invitado, en el fondo siempre hacemos lo mismo. Dejamos nuestro amor en algún lugar.
Al leer este número, encuentra tú también tu rincón cálido. Quizá un sillón, quizá el alféizar de una ventana, quizá una mesa compartida con alguien a quien quieres.
Os deseo a todas y a todos un noviembre muy cálido.
Con cariño,
Semiha Yardım
Directora · Zarif Yaşam
